
La elección entre grúa articulada o telescópica se resuelve casi siempre con una frase: si necesitas cargar, trasladar y colocar en un solo movimiento, va una articulada tipo HIAB, porque el mismo camión lleva la carga y la coloca. Si necesitas subir alto o llegar lejos, va una telescópica. Hay casos donde la respuesta obvia es la equivocada, y casi siempre por el mismo motivo: se elige por el peso del equipo y se olvida la distancia.
Una grúa que carga 40 toneladas pegada a la fachada puede quedarse en 6 u 8 toneladas a 25 metros de radio.
¿Qué hace distinta a cada una?
La grúa articulada, o tipo HIAB, va montada sobre el mismo camión que transporta la carga. El brazo se pliega en secciones, como un brazo humano. Eso le da dos ventajas: llega a lugares donde otra máquina no cabe, y hace el trabajo completo con una sola unidad, porque carga el equipo en origen, lo traslada y lo coloca en destino.
Su límite es el alcance. En alturas grandes o radios largos, su capacidad cae rápido.
La grúa telescópica tiene un brazo que se extiende de forma continua, sin pliegues. Alcanza mucho más alto y mucho más lejos, y en capacidades altas no tiene competencia. Pero llega como unidad independiente: alguien más tiene que llevar la carga hasta el sitio.
¿Cuándo conviene una articulada?
Cuando el equipo que mueves es de peso y tamaño moderados y la altura es de unos pocos niveles.
Cuando el acceso es cerrado: patios interiores, calles angostas, naves con poco espacio de maniobra.
Cuando hace falta una sola unidad para todo. Si contratas el transporte por un lado y la grúa por otro, tienes que coordinar dos llegadas, dos tiempos de espera y dos facturas. La articulada elimina ese problema.
Y cuando la maniobra es corta y repetitiva: bajar varios bultos, mover material dentro de una obra, reposicionar equipo.
¿Cuándo conviene una telescópica?
Cuando hay que subir a una azotea o a niveles altos de un edificio.
Cuando la grúa tiene que quedarse lejos del punto de colocación por accesos, jardineras, estacionamientos o una barda de por medio.
Cuando el peso es alto. A partir de cierto tonelaje, la articulada simplemente no aplica.
Y cuando hay obstáculos que salvar: pasar por encima de un pretil, de un techo, o de otro equipo ya instalado.
¿Cuál es el error más común al elegir?
Elegir por el peso del equipo y olvidar la distancia.
Una grúa no levanta lo mismo cerca que lejos. Su capacidad se desploma conforme el brazo se aleja del centro de giro.
Por eso “necesito una grúa para 4 toneladas” no es un dato suficiente. La pregunta correcta es cuatro toneladas a qué distancia y a qué altura. Ese matiz cambia la máquina, y con ella el costo de la maniobra.
¿Y si ninguna de las dos es la respuesta?
Pasa más de lo que parece.
Hay accesos tan cerrados que ni siquiera una articulada entra: interiores de planta, sótanos, patios con techo. Ahí entran las grúas compactas industriales, diseñadas para moverse dentro de espacios donde un camión no cabe.
Y en terrenos sin pavimentar, en obra abierta o con piso irregular, entran las grúas todo terreno RT, que se desplazan donde una telescópica de carretera se quedaría atascada.
También están las grúas Titán, para cargas y alturas mayores, cuando el proyecto se sale del rango de todo lo anterior.
¿Cómo saber cuál pedir sin equivocarse?
No hace falta que lo decidas tú. Con cuatro datos lo resolvemos nosotros:
Qué se mueve y cuánto pesa.
A qué altura tiene que llegar.
A qué distancia puede pararse la grúa del punto final.
Cómo es el acceso: ancho de calle, si se puede cerrar un carril, dónde apoyar los estabilizadores.
Con eso te decimos qué equipo aplica y por qué. Y si hay duda, se resuelve con una visita ocular antes de mover nada, que es donde aparecen los problemas que no se ven en un plano.
Para seguir con esto
Todo el detalle está aquí: grúas industriales por tipo de maniobra.
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