¿Eslingas, cables o cadenas para izar tu equipo?

Comparativas · 3 min de lectura
Grúa HIAB realizando el izaje de un carrete industrial con apoyo de eslingas

Depende de tres cosas: el peso, qué tan delicada es la superficie de la pieza y si hay aristas vivas. La eslinga textil es la más noble con acabados y pintura, pero se corta con un filo. El cable de acero aguanta más abuso y da rigidez, con el inconveniente de marcar. La cadena es la más resistente al filo y al calor, y la que más daña un acabado fino. Pero el material no es lo que más decide: lo decide el ángulo. Un aparejo bien elegido, colgado con ángulo cerrado, puede quedar por debajo del peso que realmente soporta.

Con las eslingas a 30° respecto a la horizontal, cada ramal carga el peso completo de la pieza, no la mitad. A 60° carga poco más de la mitad.

¿Qué diferencia hay entre uno y otro?

Cada material resuelve un problema distinto:

Eslinga textil (poliéster). Plana o redonda. Ligera, flexible y la más suave con la pieza: no marca pintura ni acabados. Su debilidad es el corte: una arista viva sin protección la puede dañar en una sola maniobra. Cable de acero. Más resistente a la abrasión y con mejor comportamiento en ramales largos. Marca superficies blandas y se daña si se dobla en radios cerrados o si se le forman cocas. Cadena de acero. La más tolerante al filo, al calor y al maltrato. Permite acortar ramales para nivelar cargas desbalanceadas. Pesa mucho más y es la peor opción sobre acabados finos.

La elección no es de preferencia, es de condiciones. Un tablero recién pintado pide textil con protección; una estructura oxidada con cantos de placa pide cadena o cable.

Y en los tres casos aplica lo mismo: el aparejo se revisa antes de cada uso. Cortes, hilos expuestos, alambres rotos, eslabones deformados o etiquetas ilegibles lo sacan de servicio.

¿Por qué el ángulo cambia todo?

Porque los ramales no se reparten la carga como uno supone. Entre más abiertos, cada ramal trabaja más.

Con dos ramales y una pieza de una tonelada:

A 60° respecto a la horizontal, cada ramal soporta alrededor de 577 kg A 45°, sube a unos 707 kg A 30°, cada ramal carga la tonelada completa

Es decir, un aparejo que parecía sobrado se vuelve insuficiente solo por colgarlo más abierto. Por eso la regla de campo es no bajar de 45°, y de preferencia trabajar cerca de 60°.

Para lograrlo hay dos caminos: ramales más largos, que exigen más altura de gancho, o un balancín que separa los puntos de tiro y deja los ramales verticales. El balancín además protege piezas que no aguantan compresión lateral, como gabinetes, tableros o estructuras largas y ligeras.

Ese es el cálculo que convierte un izaje en una maniobra planeada: no basta con que la grúa levante, el aparejo también tiene que dar.

¿De dónde se amarra la pieza?

De donde diga el fabricante. Casi todo el equipo industrial trae puntos de izaje: orejas, argollas, barrenos roscados o marcas en la lámina. Si los tiene, se usan esos. No son sugerencia, son el único lugar que se diseñó para colgar el peso.

Cuando no los trae:

Se ubica el centro de gravedad. Rara vez está al centro geométrico: un motor, un tablero de control o una bomba cargan a un lado. Si el amarre no queda arriba del centro de gravedad, la pieza se inclina al despegar. Se buscan elementos estructurales. Bastidor, base, patines. Nunca tuberías, ductos, charolas, tapas ni carcasas. Se protegen las aristas. Esquineros, cantoneras o mangas donde la eslinga cruce un canto. Se hace prueba de despegue. Se tensa, se levanta unos centímetros y se verifica que quede nivelada antes de seguir subiendo.

Para seguir con esto

El aparejo va incluido en la maniobra y se define en el análisis, no en la obra: Maniobras e izajes: cómo trabajamos.

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